jueves, enero 12, 2006

TEMA 6: CRISTO Y EL TSUNAMI


  • Casa de La Juventud,
    La Laguna,
    enero 2006

    Lo que pretendemos:
    · Que quienes participamos en GUA abordemos la aparente contradicción de la desesperanza y el dolor del mundo con la experiencia del resucitado.

    Estrategias:
    Plantear todas las cuestiones abiertas sobre el dolor del mundo.
    Identificar las propuestas de respuestas que tengan alguna razonabilidad.

    Actividades propuestas:

    Para la estrategia primera: Plantear todas las cuestiones abiertas sobre el dolor del mundo.
    1. Oración para empezar: ver apéndice 1.
    2. Revisión semanal: Sobre estos dos puntos…
    a. Alguna persona o personas cuyo sufrimiento nos toque especialmente de cerca.
    b. Alguna situación o persona que nos anime a la esperanza.
    3. Elaborar entre quienes participamos un mapa del dolor o lo absurdo y de las cuestiones que nos plantea:
    a. Hacer la red semántica de la palabra dolor. Seguir estas reglas: En un papel ir escribiendo los términos que tienen que ver con esa palabra.
    b. En un segundo momento, establecer las cuestiones que nos surgen a partir de estas palabras. Intentar formular preguntas u observaciones.

    Para la estrategia segunda: Identificar las propuestas de respuestas que tengan alguna razonabilidad.
    1. Lectura: .Apéndice 2.
    2. Sugerencias: Hacemos una rueda intentando señalar con qué nos quedamos, cómo nos sentimos, qué propuesta personal haríamos.

    Acabamos evaluando…


    APÉNDICE 1: ORACIÓN

    Nos sentimos en su presencia.
    Sentimos todo nuestro cuerpo. Empezando desde las plantas de los pies hasta llegar a nuestro rostro.
    Sentimos también el aire que entra y sale de nuestros pulmones. Sentimos nuestro corazón, las venas que circulan. Nuestro vientre, sus ruidos y movimientos.
    Nos sentimos en Su presencia.
    Lo nombramos; le pedimos que se meta dentro de nosotros. Ven, Señor; ven, amigo. Ven, Espíritu. Ven, Padre-Madre.
    Dejamos que Él nos muestre su casa.
    Nos lleva a Belén de Judá y nos introduce en el portal. Con él miramos. Vemos la situación de aquella covacha. Escuchamos los ruidos. Las voces. Olemos. Tocamos. Dejamos que aquella imagen tenga sabor en nuestra boca. Saboreamos.
    Jesús nos lleva ahora a una montaña. Hay río de gente. Se amontonan en torno a tres cruces. De nuevo, miramos, escuchamos, olemos, tocamos, saboreamos…
    Jesús a nuestro lado.
    Nosotros dejamos que salga lo que llevamos en el corazón. Lo que nos produce contemplar tanto dolor.
    Nos sabemos en su presencia. Él, el resucitado, trae las manos llenas de heridas. Las vemos. Nos sabemos aquí, en nuestro mundo.
    Sentimos nuestro aire.
    Sentimos nuestro cuerpo.
    Nos sabemos aquí, acompañados.
    Amén.
  • APÉNDICE 2: PARA LEER


    El dolor en el mundo es un hecho. ¿O no? Lo que sí tenemos claro es que la experiencia de dolor de las personas está ahí y se da por todas partes. Veamos algunas posibles posturas.

    Pablo[1]: Seamos claros: el dolor muestra el absurdo del mundo. Al final, culpables e inocentes, todos morimos. El terremoto no distingue entre buenos y malos. No distingue tampoco el tsunami ni el huracán. Al final, todo esto da nauseas, ganas de vomitar. Si Dios existe, debe responder a preguntas muy graves. Si es bueno, ¿cómo tolera todo lo que pasa? En síntesis, si Dios existe debe parecerse al Dios de Aristóteles, que está allá arriba, allá lejos, nada tiene que ver con nuestro mundo y nuestra realidad. Mejor sería que nos olvidáramos de pedir nada a Dios y nos dedicáramos a actuar en esta tierra. Somos libres y estamos condenados a vivir en libertad.

    Federico[2]: Estoy de acuerdo contigo en que el dolor muestra el absurdo del mundo. De todos modos, yo creo que estamos llamados a superarlo. El dolor y el sufrimiento es la piedra por la que pasamos todos y sólo algunos son capaces de superarla. El cristianismo nos ha hecho mucho mal, porque se empeña en que en el dolor y la debilidad hay algo de bueno. En realidad, lo que hay de bueno en el dolor es la voluntad que tenemos de combatirlo y superarlo. Los únicos Dioses somos las personas humanas. En la humanidad, la naturaleza puede llegar a su manifestación más grandiosa. Para eso, por supuesto, está todo el tema este del dolor y el sufrimiento, que nos ayudan a seleccionar a los más fuertes, a los mejores, a los que serán capaces de convertirse en auténticos dioses.

    Alberto[3]: Es verdad que yo me siento muchas veces inclinado a ver todo este mundo como un absurdo. Es como si cada uno de nosotros se pasara la vida subiendo una piedra a la montaña con la certeza de que una vez arriba, la piedra rodará y rodará hasta la base y que volveremos a tener que levantarla. El mal no distingue entre inocentes y culpables. Aunque yo creo que, en general, casi todos nosotros somos culpables. La inocencia es algo que perdemos muy pronto. Aún así, yo pienso que tenemos que luchar contra el mal. Que podemos hacerlo de muchas maneras. Y quizás, a los cristianos y cristianas les sirva el ejemplo de Jesús: luchó contra el mal hasta morir el mismo víctima de la injusticia y el dolor del mundo. El doctor que lucha contra la enfermedad, el guerrillero que lucha contra la injusticia, el hombre o la mujer caritativa que deja las horas al servicio de quienes le necesitan, todas esas personas hacen lo que deben hacer. Quizás Jesús les inspire, quizás no. ¿Qué más da?

    Claudio[4]: A mí me parece que ustedes no se dan cuenta de lo que tenemos entre manos. En realidad, nos pasamos la vida haciendo cosas y tomando nota de situaciones e historias que desaparecerán pulverizadas en el tiempo. Yo mismo no soy más que un montón de células organizadas así por la rigidez de las leyes naturales. Esas mismas leyes me harán desaparecer desintegrado en millones de moléculas que, quien sabe, quizás algún día se unan todas en un único punto. Cuando le damos importancia a nuestro dolor o al dolor de la humanidad, ¿no estamos siendo megalómanos? No somos más que un montón de carbono que habita en un pequeñísimo planeta de una estrella más bien vulgar en medio de millones de galaxias. ¿Qué más da si yo sufro o si sufre la humanidad entera? La vida es esto. Al final, ni mis actos heroicos ni las veces que hice el amor, ni las personas a las que dije querer… Todo tiene el mismo valor que el día que crucé la mirada con un gato o que me quedé extasiado mientras olía el perfume de un jazmín.

    Agustín[5]: A mí me parece que tu postura es demasiado cómoda y que no atiende a la realidad. ¿Cuál es nuestra verdad? ¿Cuál es nuestra experiencia? Estamos aquí, en este mundo, con un para, con un sentido. Porque todas las cosas vienen de un sitio y llevan a otro. Esa es nuestra realidad. Además, todos y todas, si estamos atentos a lo que vivimos por dentro, notamos esa voz de la conciencia que, salvo que la matemos, nos va a indicar hacia dónde debemos ir. El dolor y la muerte es algo que se ha vuelto trágico por nuestra propia actuación. Su origen está, de algún modo, en lo que nosotros mismos hemos hecho con nuestro mundo. El tsunami y el huracán golpean donde las personas establecemos nuestras residencias creyéndonos los amos del universo. Yo creo que sí, que llevamos a Dios dentro; pero es una tontería creernos dioses. Cada vez que nos creemos dioses, el terremoto viene a ponernos en nuestro sitio. Pero es absurdo pensar que el terremoto tiene la última palabra. La humanidad es capaz de superar todas estas contradicciones y dificultades porque se ha ido haciendo así. La naturaleza no es algo bruto, frío, muerto. Es la expresión de Dios mismo, que nos va guiando, nos va haciendo capaces, porque nos hizo a su imagen y semejanza.

    Ignacio[6]: Yo no puedo situarme ante esta pregunta ajeno a mi fe cristiana. Soy creyente y cuando miro a Jesús lo veo crucificado. Creo que desde siempre fue un amigo de los pobres y de los marginados. Él rechazó que el dolor fuera castigo divino contra los pecadores. Afirmó que Dios quiere a los pecadores y tiene la mano tendida siempre a todas las personas: a las buenas y a las malas. Cuando miro a este mundo, no trato de explicar por qué Dios permite esto o lo otro. En la Biblia no hay una explicación de por qué hay mal o dolor o guerra. Pero sí que hay un Dios que toma partido a favor de las víctimas de la enfermedad, la marginación, la injusticia, la violencia. Cristo está crucificado y sigue crucificado en cada uno de los pueblos y personas que están crucificadas. A Cristo se lo llevó por delante el Tsunami. Como también lo torturaron en las cárceles de las dictaduras o muere con una jeringuilla de sobredosis. Él está en la cárcel. Está desnudo. Todo lo que espera es mi visita. Nuestro empeño, mi empeño, al menos, debe ser el de María con su hijo: bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Esto que planteo es muy real. Estar atentos a la realidad evitaría que usemos nuestras ideologías y teorías filosóficas para escaparnos del compromiso que se espera de nosotros y nosotras.
    [1] Jean Paul Sastre, pensador existencialista. Su libro principal: El Ser y la Nada.
    [2] Friedrick Nietzsche, pensador vitalista e irracionalista. Muchos libritos, entre ellos Así habló Zaratustra.
    [3] Albert Camus, pensador existencialista… muy cercano al cristianismo: La Peste.
    [4] Claude Lévi-Strauss, pensador estructuralista. Su obra principal: “Tristes trópicos”.
    [5] Agustín de Hipona, pensador cristiano neoplatónico del siglo IV. Uno de sus libros más interesantes: El maestro interior.
    [6] Ignacio Ellacuría es filósofo y teólogo de la liberación. Murió asesinado en el Salvador defendiendo la causa de los pobres.