ESPIRITUALIDAD IGNACIANA: TEMA V DE GUA: QUE NOS AYUDEN

Lo que pretendemos:
• Que quienes participamos en GUA identifiquemos los acentos de la espiritualidad ignaciana y los medios para vivirla.
Estrategias:
• Reflexionar sobre el modo de proceder del grupo y encontrar en el mismo algunas líneas fuerzas del modo ignaciano de proceder.
• Proponer una sistematización de la espiritualidad ignaciana y mirarnos personalmente ante ella.
Actividades propuestas:
• Para la estrategia primera: Reflexionar sobre el modo de proceder del grupo y encontrar en el mismo algunas líneas fuerzas del modo ignaciano de proceder.
1. Oración para empezar: ver apéndice 1.
2. Revisión semanal: Sobre estos dos puntos…
a. Alguna persona que ha sido especialmente significativa esta semana.
b. ¿Qué experiencias tengo de reflexionar las cosas que debo hacer y de evaluarlas? ¿Tengo algún ejemplo de estos últimos tiempos?
3. Algunas preguntas sobre nuestro modo de trabajar como grupo:
a. ¿Qué cosas tenemos en común? ¿Hay alguna referencia común que podamos decir que es la más importante entre la gente del grupo?
b. ¿Qué importancia le damos al examen de la vida cotidiana, de las cosas que sentimos?¿Por qué o para qué dedicamos tiempo al examen de la vida cotidiana?
c. ¿Qué lugar le damos a la oración? ¿Te parece mucho o poco importante? ¿Te parece que hacemos más o menos oración que otros grupos cristianos? ¿Encuentras alguna cosa especial en la oración del grupo?
d. ¿Tenemos por costumbre evaluar? ¿Qué lugar ocupa la evaluación en nuestro modo de proceder? ¿Por qué o para qué evaluamos?
e. ¿Tú dirías que nuestro grupo nos intenta preparar para la vida cotidiana y para la toma de decisiones en la misma?
Para la estrategia segunda: Proponer una sistematización de la espiritualidad ignaciana y mirarnos personalmente ante ella.
1. Lectura: .Apéndice 2.
2. Sugerencias: Hacemos una rueda con las dos cosas que más nos llaman la atención del resumen de espiritualidad ignaciana.
Acabamos evaluando…
APÉNDICE 1: ORAMOS
Nos sabemos llenos de vida: cerramos nuestros ojos y estamos atentos a lo que sentimos en nuestro interior.
Nos sabemos con los pies en este mundo. Sentimos nuestros pies, sus plantas que aprietan contra el suelo de la casa.
Nos sabemos sostenidos por Dios, ponemos nuestras manos sobre las rodillas y sentimos su fortaleza; sentimos nuestras espaldas que nos mantienen erguidos. Sentimos sus dolores y sus fortalezas.
Nos sabemos habitados por su Espíritu. Tomamos aire y lo sentimos entrar y salir de nuestros pulmones. Dejamos que se llenen.
Nos sabemos rodeados de sus mensajes. Con los ojos cerrados imaginamos los rostros de las personas que son mensaje de Dios para nuestras vidas. Agradecemos sus nombres.
Nos sabemos llamados a vivir con Él, a proclamar la Buena Noticia, a expulsar los demonios de este mundo… Imaginamos Su Rostro, el del Señor. Vemos cómo nos señala los demonios de este mundo: la pobreza, la pobreza de espíritu, la soledad, la falta de justicia, la mentira, … Sentimos como Él nos envía: VE, YO ESTARÉ CONTIGO…
Sentimos cómo nos habita: el aire….
Sentimos cómo nos sostiene: nuestras rodillas, nuestra espalda…
Sentimos cómo estamos con los pies en este mundo…
Abrimos los ojos…
COMPARTIMOS…
APÉNDICE 2: LAS PECULIARIDADES DEL CAMINO IGNACIANO
Cuando uno pregunta a jóvenes que quieren entrar a la Compañía de Jesús, qué es lo que más les llama la atención en la Orden de los jesuitas y en la vida de san Ignacio, es frecuente escuchar que dicen: “lo que más admiro en ellos es su espiritualidad”.
¿Será que conocen lo que es espiritualidad y lo que es característico de la espiritualidad que Ignacio de Loyola plasmó en la vida e historia de la Iglesia? Para aclarar bien la respuesta a esas dos preguntas, les ofrecemos el siguiente bosquejo:
1º Hay muchas maneras de expresar lo que se entiende por espiritualidad. Nosotros lo entendemos como “el encuentro del espíritu humano con el Espíritu de Dios, de modo que Dios hace Su propuesta, y la persona humana responde al proyecto de Dios”.
2º Ignacio se encontró con Dios en un momento crucial de su vida: cuando sintió en su cuerpo herido el fracaso de sus ambiciones humanas. A partir de entonces fue captando la llamada de Dios –fue “discerniendo” Su propuesta- y le respondió en forma gradual y progresiva, pero total y radical.
3º La experiencia de “conversión a Dios la fue viviendo durante varios años, y la escribió Ignacio en un libro que se llama “Ejercicios Espirituales” que, según su mismo autor, es “todo lo mejor que en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo, como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos”.
4º Los rasgos principales de la espiritualidad que se deriva de los Ejercicios Espirituales los podemos sintetizar en los siguientes puntos:
1. Búsqueda apasionada de la voluntad de Dios
2. Capacidad para saber discernir los “signos de Dios”
3. Actitud de querer siempre “lo más y mejor” en el servicio de Dios
4. Simpatía y sintonía con todo lo creado y humano
5. Libertad interior y disponibilidad al servicio del Reino
6. Conocimiento, valoración y amor personal a Jesucristo
7. Integración entre contemplación y acción: “en todo amar y servir”
8. Amor y obediencia a la Iglesia real
9. Armonización entre el servicio a la fe y la promoción de la justicia
10. Cultivo de las virtudes y devociones sólidas
5º La espiritualidad ignaciana tiene una clara orientación hacia el apostolado inspirada en la invitación de Cristo a colaborar con Él en la construcción del Reino de Dios. La persona que vive dicha espiritualidad experimenta una fuerte inclinación a poner todos sus talentos al servicio de la evangelización. Esto supone que tiene muy claro el fin que le propone Dios, y que sabe relativizar todas las cosas como medios para lograr el fin.
6º La vivencia de dicha espiritualidad se alimenta y se canaliza a través de un triple canal: oración, formación y acción. La oración y la acción se integran en la famosa fórmula de “contemplación en la acción”. La formación de la persona es permanente, intensa y orientada hacia la maduración cristiana del apóstol: no se estudia para saber no más, sino para servir mejor.
7º Ese ideal de vida supone y exige del cristiano una gran dosis de libertad interior, que Ignacio llama “indiferencia”, pero que es la disposición interior necesaria parapoder vivir el planteamiento evangélico de “Busquen, ante todo, el Reino y la Justicia de Dios, y todo lo demás se les dará por añadidura” (Mt. 6, 33).

